Tres preguntas para saber en qué eres un experto

Vivimos en una sociedad extremadamente compleja que evoluciona y cambia a un ritmo vertiginoso, produciendo en el proceso una vastísima cantidad de información que nos satura y desborda. Este exceso de información inabarcable responde al término infobesidad, es fruto de la enorme cantidad de soportes a partir de los cuales la información llega a nosotros. Estos soportes son tanto tradicionales (periódicos, revistas, radio o televisión) como no tradicionales (Internet, Redes Sociales).

En este sentido y como curiosidad, el periodista español Ignacio Ramonet, siendo director de la publicación Le Monde Diplomatique, aseguró que en un solo ejemplar dominical de The New York Times había más información que la que llegaría a conocer un ciudadano culto del siglo XVIII en toda su vida.

El filtro de la especialización

¿Y cómo reaccionamos ante esta saturación informativa? Lo primero que nos ocurre es que nos abrumamos –sobre todo al intentar abarcar toda la información posible- y luego, de forma inconsciente nos dedicamos a filtrar los datos y sobre todo, a especializarnos. ¿Cómo va ocurriendo esto? Nos focalizamos en lo que nos interesa y descartamos todo lo demás, es decir, poco a poco y con el paso del tiempo nuestro foco de consumo de información es cada vez más específico. Cuál es la información en la que nos solemos fijar habitualmente:

  • Información que nos entretiene. Si nos descuidamos podemos descubrir que es la información que consumimos en mayor cantidad, aunque no nos va a resultar nada productiva. Sirve simplemente para pasar el rato. Con este tipo de información, es bueno sobre todo que seas muy consciente, cuando la consumas, que simplemente estas entreteniéndote. Este tipo de información, de cara a nuestra reflexión, no nos interesa.
  • Información sobre nuestra área profesional. Será muy habitual que de forma inconsciente consumamos mucha información sobre el ámbito profesional en el que operamos día a día, o para el que nos hemos formado. Ya sea en la prensa, en blogs, televisión, etc.
  • Información sobre nuestros hobbies. Este es el tercer tipo de información que podremos consumir de forma habitual. Además es muy probable, que si es algo que nos apasiona de verdad, pasemos mucho tiempo buceando en este tipo de información.

Así, y a pesar de que la vida es cada vez más compleja y está más interconectada, nosotros tendemos más a especializarnos. Y la consecuencia más directa de esto es que cada vez son más necesarios los expertos.

Los expertos nos ayudan a tomar decisiones

El volumen de datos es tan elevado que muchas veces no nos valemos por nosotros mismos para decidir con qué información nos quedamos y cuál desechamos. Cuál es útil, y cuál no. Un ejemplo, recientemente cambié el amplificador que tengo conectado en mi pequeño cine en casa. Llevaba con él más de 7 años, y el volumen de cables que asomaba detrás del mueble amenazaba con desbordar todo el salón. Decidí cambiar de aparato (en este caso jubilé varios). Es aquí cuando, en mi caso, recurrí a un experto, Daniel –un abogado emprendedor aficionado al audio, la imagen, etc.–, para poder decidir qué aparatos y cómo ponerlos. Es decir, en el acto más cotidiano, recurrí a un experto para que me ayudara a tomar mi decisión.

Y esto, nos pasa cada vez más. Cada vez más hace acto de presencia un experto que nos ayuda a tomar decisiones gracias a sus conocimientos en áreas muy específicas. De esta manera, e inconscientemente, estamos relegando algunas decisiones de nuestra vida a la opinión y recomendación de unos pocos expertos en los que confiamos. Y sucede en muchísimos campos. Desde a qué partido político votar, qué coche o teléfono comprar, a qué destino viajar en nuestras vacaciones o, incluso, cómo debemos organizar nuestra carrera profesional. Todo esto pueden ser decisiones que se verán afectadas por los expertos sobre política, tecnología o turismo y ocio.

Tú puedes ser un experto

Con todo, los expertos ejercen menos poder sobre nuestras decisiones si operamos en un campo que conocemos bien o en el que nosotros estamos especializados. Y es por esto que, del mismo modo que tú sigues a determinados expertos –consciente e insconcientemente- que te ayudan a tomar decisiones, tú mismo te puedes convertir en un experto y referencia para mucha gente. Sólo respondiendo a tres preguntas:

  • ¿A qué has dedicado más de 10.000 horas de esfuerzo?
  • ¿Cuáles son tus aficiones?
  • ¿Sobre qué te hacen consultas tus amigos?

Eso sí, explicarte qué significan estas tres cuestiones y cómo responderlas de forma productiva, te lo iré mostrando en sucesivos posts.

Mientras tanto me encantará saber si tú eres consciente o no de en qué ámbitos sueles consumir información habitualmente. No dejes de compartir tus comentarios más abajo. ¡Me gustará conocer tu opinión de este tema!

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Comments

  1. […] explicaba en mi anterior post todos podemos convertirnos en expertos para alguien. La manera de hacerlo es dedicándole tiempo a […]

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